Este artículo original de 2024, ha sido revisado en 2026 en base a la nueva evidencia científica
El hígado graso es una de las enfermedades hepáticas más frecuentes y está estrechamente relacionado con la obesidad abdominal, la resistencia a la insulina, la diabetes tipo 2, la hipertensión y las alteraciones del colesterol y los triglicéridos.
Lo que durante años se denominó hígado graso no alcohólico (HGNA o EHGNA) y en inglés NAFLD (non-alcoholic fatty liver disease), se conoce actualmente como MASLD (Metabolic dysfunction-Associated Steatotic Liver Disease): enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica.
En este artículo te explico qué significa cada término, cómo se diagnostica el hígado graso y qué cambios en alimentación, peso, ejercicio y estilo de vida tienen mayor evidencia para reducir la grasa hepática y evitar que la enfermedad progrese.
Qué es el hígado graso o MASLD
MASLD son las siglas de Metabolic dysfunction-Associated Steatotic Liver Disease, traducido como enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica.
Es la denominación que sustituye al antiguo término NAFLD (non-alcoholic fatty liver disease) o hígado graso no alcohólico.
Para hablar de MASLD debe existir esteatosis hepática, es decir, acumulación de grasa en el hígado, junto con al menos un factor de riesgo cardiometabólico.
Entre estos factores se encuentran:
- Sobrepeso u obesidad, especialmente abdominal.
- Glucosa elevada, resistencia a la insulina o diabetes tipo 2.
- Hipertensión arterial.
- Triglicéridos elevados.
- Alteraciones del colesterol HDL.
El cambio de nombre no es simplemente una cuestión terminológica. Pretende poner el foco en el componente metabólico de la enfermedad en lugar de definirla únicamente por la ausencia de un consumo elevado de alcohol.
Diferencia entre MASLD y MASH
MASLD y MASH no son sinónimos.
MASLD es el término general que engloba un espectro de alteraciones hepáticas relacionadas con la esteatosis y la disfunción metabólica.
MASH son las siglas de Metabolic dysfunction-associated steatohepatitis, es decir, esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica.
MASH sustituye al antiguo término NASH o EHNA, esteatohepatitis no alcohólica.
La diferencia fundamental es:
- MASLD con esteatosis: existe acumulación de grasa en el hígado pero no necesariamente inflamación y lesión hepatocelular propias de una esteatohepatitis.
- MASH: además de la acumulación de grasa existe inflamación y lesión de las células hepáticas.
La MASH puede favorecer la aparición progresiva de fibrosis, es decir, tejido cicatricial en el hígado. De forma simplificada, el espectro puede evolucionar así:
Esteatosis asociada a MASLD → MASH → fibrosis → cirrosis
En algunos pacientes con enfermedad avanzada también aumenta el riesgo de carcinoma hepatocelular.
Sin embargo, no todas las personas con MASLD desarrollan MASH y no todas las personas con MASH progresan a cirrosis.
La fibrosis es uno de los datos más importantes
Cuando se estudia a una persona con hígado graso no basta con saber si existe grasa en el hígado.
Uno de los datos con mayor importancia pronóstica es cuánta fibrosis existe, porque el riesgo de complicaciones hepáticas aumenta a medida que avanza la fibrosis.
Por eso actualmente las guías recomiendan identificar especialmente a las personas que pueden presentar fibrosis avanzada.
El hígado graso no es solo un problema del hígado
MASLD está estrechamente relacionado con la salud cardiometabólica. Las personas que lo presentan tienen con frecuencia:
- Resistencia a la insulina.
- Diabetes tipo 2.
- Obesidad visceral.
- Hipertensión.
- Triglicéridos elevados.
- Alteraciones del colesterol.
Por ello, el tratamiento no debe centrarse exclusivamente en conseguir una ecografía hepática normal, sino también en reducir el riesgo cardiovascular y controlar los factores metabólicos.
Cuáles son las causas y factores de riesgo del hígado graso
MASLD es una enfermedad multifactorial. Entre los principales factores asociados se encuentran:
- Obesidad y grasa abdominal: el tejido adiposo visceral está especialmente relacionado con resistencia a la insulina y acumulación de grasa hepática.
- Resistencia a la insulina y diabetes tipo 2: favorecen alteraciones en el metabolismo de la glucosa y los lípidos que promueven la acumulación de grasa en el hígado.
- Dislipidemia: especialmente hipertrigliceridemia y alteraciones del HDL.
- Hipertensión arterial.
- Sedentarismo y baja condición física.
- Dieta de baja calidad: especialmente cuando existe un consumo elevado de bebidas azucaradas, ultraprocesados, grasas saturadas y un exceso mantenido de energía.
- Factores genéticos: determinadas variantes genéticas pueden modificar el riesgo y la velocidad de progresión.
También puede existir MASLD en personas con un IMC considerado normal. En estos casos puede haber mayor acumulación de grasa visceral, resistencia a la insulina o menor masa muscular aunque no exista obesidad evidente.
Hígado graso y alcohol: qué es MetALD
El consumo de alcohol debe valorarse siempre cuando existe esteatosis hepática.
La nueva clasificación incluye el término MetALD, de Metabolic dysfunction and Alcohol-related Liver Disease, para determinadas personas en las que coinciden disfunción metabólica y un consumo relevante de alcohol.
Esto significa que no todo hígado graso debe clasificarse automáticamente como MASLD.
Además, las guías actuales no consideran demostrado que exista un efecto protector del consumo moderado de alcohol en estas personas.
Si existe enfermedad hepática, conviene reducir al máximo su consumo y, cuando hay fibrosis avanzada o cirrosis, debe evitarse completamente.
Síntomas del hígado graso
La mayoría de las personas con MASLD no presenta síntomas en las primeras fases.
Por ello, puede descubrirse de forma casual al realizar una ecografía o una analítica por otro motivo.
En algunas personas pueden aparecer:
- Cansancio.
- Malestar general.
- Sensación de pesadez o molestia en la zona superior derecha del abdomen.
La ictericia, ascitis, hinchazón importante de las piernas, hemorragias digestivas o confusión no son síntomas propios de una esteatosis simple. Pueden indicar enfermedad hepática avanzada y requieren valoración médica.
Hígado graso y transaminasas
MASLD puede acompañarse de elevación de ALT o GPT y AST o GOT, pero es importante saber que se puede tener hígado graso, MASH e incluso fibrosis con las transaminasas dentro del rango de referencia.
Por eso una analítica con transaminasas normales no descarta la enfermedad.
Si quieres conocer con más detalle qué significan estas enzimas puedes consultar nuestro artículo sobre transaminasas altas y dieta para bajarlas.
Cómo se diagnostica el hígado graso
El diagnóstico se basa en la historia clínica, los factores cardiometabólicos, las analíticas y las técnicas de imagen.
Ecografía abdominal
La ecografía puede detectar acumulaciones importantes de grasa y es una prueba muy utilizada, pero tiene limitaciones.
No permite determinar adecuadamente por sí sola si existe MASH ni cuantificar con precisión la fibrosis.
FIB-4
Las guías actuales recomiendan utilizar inicialmente herramientas no invasivas para identificar a las personas que presentan un mayor riesgo de fibrosis.
Una de las más utilizadas es el FIB-4, un índice calculado a partir de:
- Edad.
- AST.
- ALT.
- Número de plaquetas.
Su principal utilidad es ayudar a identificar a las personas con bajo riesgo y aquellas que necesitan continuar el estudio.
Elastografía
Cuando el riesgo no puede descartarse mediante pruebas iniciales, puede realizarse una elastografía hepática, como FibroScan, para estimar la rigidez del hígado y el riesgo de fibrosis avanzada.
Biopsia hepática
La biopsia permite valorar directamente esteatosis, inflamación, lesión hepatocelular y fibrosis, pero actualmente no es necesaria en todas las personas con hígado graso.
Se reserva para situaciones concretas en las que puede modificar el diagnóstico o el tratamiento.
Dieta para el hígado graso
La alimentación es uno de los pilares fundamentales del tratamiento de MASLD.
No existe una única “dieta para limpiar el hígado”. La evidencia actual favorece una alimentación de buena calidad, sostenible y parecida al patrón mediterráneo.
Dieta mediterránea
Prioriza:
- Verduras y hortalizas diariamente.
- Fruta entera.
- Legumbres.
- Cereales preferentemente integrales.
- Aceite de oliva virgen extra.
- Frutos secos y semillas.
- Pescado.
- Huevos.
- Fuentes de proteína animal y vegetal poco procesadas.
La dieta mediterránea se asocia con beneficios hepáticos y cardiovasculares y puede mejorar parámetros metabólicos incluso más allá de la pérdida de peso.
Reduce los ultraprocesados
Conviene limitar especialmente:
- Bollería industrial.
- Dulces y golosinas.
- Comida rápida.
- Snacks.
- Carnes muy procesadas.
- Productos ricos en grasas saturadas.
- Alimentos con grandes cantidades de harinas refinadas y azúcares añadidos.
Evita las bebidas azucaradas
Los refrescos y otras bebidas azucaradas facilitan un consumo elevado de azúcares libres y energía sin producir una saciedad equivalente.
Las recomendaciones actuales para MASLD aconsejan evitar las bebidas azucaradas.
Esto no significa que debas eliminar la fruta. La fruta entera, acompañada de su fibra y matriz alimentaria, forma parte de un patrón mediterráneo saludable.
Qué ocurre con los hidratos de carbono
No es necesario eliminar todos los hidratos de carbono ni realizar obligatoriamente una dieta cetogénica para mejorar el hígado graso. Es más importante seleccionar adecuadamente su origen:
- Legumbres.
- Verduras.
- Fruta entera.
- Cereales integrales.
- Tubérculos en cantidades adaptadas a las necesidades individuales.
Conviene reducir especialmente azúcares añadidos, bebidas azucaradas y productos elaborados con harinas muy refinadas.
Incluye suficiente proteína
Preservar la masa muscular es importante para mejorar la salud metabólica. Incluye fuentes de proteína como:
- Pescado.
- Huevos.
- Legumbres.
- Pollo y otras carnes poco procesadas.
- Lácteos.
- Tofu, tempeh y otros derivados de la soja.
- Frutos secos y semillas.
No existe evidencia que justifique reducir indiscriminadamente las proteínas por tener hígado graso.
Pérdida de peso e hígado graso
Cuando existe sobrepeso u obesidad, la pérdida de peso es una de las intervenciones con mayor evidencia.
Las guías europeas de 2024 establecen objetivos aproximados:
- Una pérdida mantenida de al menos un 5 % del peso puede reducir la cantidad de grasa en el hígado.
- Una pérdida de aproximadamente 7-10 % puede mejorar la inflamación hepática.
- Una pérdida de 10 % o más ofrece mayores probabilidades de mejorar la fibrosis.
Esto no significa que todas las personas tengan que perder obligatoriamente un 10 % de su peso. El objetivo debe adaptarse a la composición corporal, el grado de fibrosis, la edad, la masa muscular y las patologías asociadas.
Además, el descenso debe ser progresivo y sostenible. Las dietas extremas y las pérdidas muy rápidas de peso no son una buena estrategia a largo plazo.
¿Puede mejorar el hígado graso sin perder mucho peso?
Sí. El ejercicio y una mejor calidad de la dieta pueden reducir la grasa hepática y mejorar la salud metabólica incluso cuando el cambio en la báscula es relativamente pequeño.
Esto es especialmente relevante en personas con MASLD que tienen un peso normal.
Ejercicio para el hígado graso
La actividad física es otro de los pilares del tratamiento. Las recomendaciones actuales proponen, siempre que la situación clínica lo permita:
- Más de 150 minutos semanales de ejercicio moderado o
- 75 minutos semanales de ejercicio vigoroso.
Combinar ejercicio aeróbico y entrenamiento de fuerza es una buena estrategia porque permite mejorar la capacidad cardiorrespiratoria y conservar o aumentar la masa muscular.
Además, es recomendable reducir el tiempo sedentario y aumentar la actividad física cotidiana.
Hígado graso y café
El consumo de café se ha asociado en diversos estudios observacionales con un menor riesgo de fibrosis y de algunas complicaciones hepáticas.
Sin embargo, estos estudios no permiten afirmar que el café sea un tratamiento para MASLD.
Si lo toleras y no tienes otra contraindicación, no es necesario eliminar el café por tener hígado graso. Tampoco es necesario empezar a tomarlo si no forma parte de tus hábitos.
¿Hay suplementos para eliminar la grasa del hígado?
Actualmente las guías europeas no recomiendan de forma rutinaria nutracéuticos o suplementos para tratar MASLD, porque la evidencia sobre sus beneficios clínicos y su seguridad es insuficiente.
Esto incluye la idea de realizar “depuraciones hepáticas” con suplementos o mezclas de plantas.
Además, determinados suplementos y productos de herbolario pueden producir lesión hepática.
Por tanto, si tienes una enfermedad del hígado, consulta antes con tu médico o farmacéutico cualquier complemento que quieras utilizar.
Tratamiento médico del hígado graso y MASH
El tratamiento debe abordar tanto el hígado como los factores cardiometabólicos asociados.
Es fundamental controlar adecuadamente: Diabetes tipo 2, obesidad, hipertensión, triglicéridos y Colesterol.
Los medicamentos utilizados para tratar diabetes u obesidad, incluidos algunos tratamientos basados en incretinas, pueden aportar beneficios metabólicos importantes cuando están indicados.
No debes suspender estatinas, antidiabéticos o antihipertensivos por tu cuenta por miedo a que dañen el hígado. El control del riesgo cardiovascular es una parte fundamental del manejo de MASLD.
Resmetirom para determinados pacientes con MASH
El tratamiento de MASH ha cambiado en los últimos años. Resmetirom actúa selectivamente sobre el receptor beta de la hormona tiroidea en el hígado y ha demostrado mejorar la resolución de la esteatohepatitis y la fibrosis en determinados pacientes.
En Europa está autorizado como Rezdiffra, junto con dieta y ejercicio, para determinados adultos con MASH no cirrótica y fibrosis moderada o avanzada, estadios F2-F3.
No está indicado simplemente por tener grasa en el hígado y tampoco sustituye los cambios de alimentación, ejercicio y control metabólico.
La decisión de utilizarlo corresponde al especialista tras valorar el grado de fibrosis y las características del paciente.
¿La cirugía bariátrica puede mejorar MASLD?
En personas con obesidad que cumplen criterios para cirugía metabólica o bariátrica, esta intervención puede producir una pérdida importante y mantenida de peso y mejorar MASLD y sus alteraciones metabólicas.
No es un tratamiento indicado exclusivamente por presentar hígado graso y debe valorarse individualmente por un equipo especializado.
¿Se puede revertir el hígado graso?
En muchas personas, especialmente en las fases iniciales, la cantidad de grasa acumulada en el hígado puede disminuir considerablemente e incluso normalizarse con cambios mantenidos en alimentación, actividad física y peso corporal.
MASH también puede mejorar. Incluso parte de la fibrosis puede experimentar regresión cuando se controla adecuadamente la causa, aunque cuanto más avanzada sea la enfermedad mayor es la dificultad para revertir el daño.
Por eso es importante diagnosticar y tratar MASLD antes de llegar a cirrosis.
Quién debería valorar el riesgo de fibrosis
Las guías recomiendan prestar especial atención a las personas con mayor riesgo, como aquellas que presentan:
- Diabetes tipo 2.
- Obesidad junto con otros factores metabólicos.
- Esteatosis identificada en una prueba de imagen.
- Alteraciones persistentes de las enzimas hepáticas.
- Varios componentes del síndrome metabólico.
En estos casos puede ser útil realizar una evaluación escalonada mediante FIB-4 y, cuando corresponda, elastografía.
Cuándo consultar
Consulta con tu médico si te han diagnosticado hígado graso, especialmente si tienes diabetes tipo 2, obesidad, alteraciones importantes de las transaminasas o antecedentes familiares de enfermedad hepática.
Solicita valoración médica con rapidez si aparecen:
- Ictericia.
- Ascitis o aumento marcado del volumen abdominal.
- Hinchazón importante de las piernas.
- Vómitos con sangre o heces negras.
- Somnolencia, desorientación o confusión.
- Pérdida de peso involuntaria o deterioro importante del estado general.
Referencias científicas
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European Medicines Agency – Rezdiffra

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